//
Estás leyendo...
Interoperabilidad

Interoperabilidad, ¿es realmente necesaria?

El pasado día 24 de Septiembre tuve la ocasión de acudir al Antilope Summit Spain 2014, que se celebró en Valladolid con gran éxito de participación y alta calidad en las ponencias que tuvieron lugar.

Antilope es una red temática europea cuya finalidad es impulsar la adopción, validación y difusión de directrices y estrategias comunes para testear y certificar soluciones y servicios de interoperabilidad comunes en Europa y orientadas a la eSalud.

Durante el desarrollo de la jornada y en el debate que cerró la misma se planteó una pregunta que hizo que la gran mayoría de nosotros nos plateáramos muchas cuestiones: ¿es realmente necesaria la interoperabilidad?

Para todos los que trabajamos o hemos trabajado en proyectos de integración e interoperabilidad, o incluso desde muchos otros ámbitos de la eSalud, la pregunta tiene una única respuesta: SI. Las ventajas, a todos los niveles, de poner en práctica proyectos de interoperabilidad son evidentes: mejora de la calidad asistencial, reducción de costes, implantación de herramientas de análisis de datos … Sin embargo los retos y dificultades que surgen en ellos hace que sea complicado abordarlos o defender y justificar con argumentos de peso su necesidad, como se puso de manifiesto en la sesión.

Proyectos muy complejos y difíciles

Es cierto, los proyectos de interoperabilidad son muy complejos y llenos de dificultades, a todos los niveles y a lo largo de todo el ciclo de vida de los mismos.

En el plano técnico y aunque contamos con lenguajes comunes (perfiles IHE, HL7, etc.) cada uno los implementa “a su manera”. Eso hace que aunque en el papel todos hablemos el mismo idioma, en la práctica comunicarnos sea una cuestión complicada y que en la mayoría de las ocasiones trae de cabeza a los distintos equipos de trabajo implicados.

Pero si “apuntamos” nuestro objetivo a metas más importantes, afrontando cambios organizativos y funcionales, las dificultades se incrementan exponencialmente. La variabilidad de la práctica clínica y la rigidez de las organizaciones hacen que afrontar este tipo de cambios sea quizás una de las partes más complejas de este tipo de proyectos.

Resistencia al cambio

También hay que tener en cuenta que este tipo de proyectos siempre suponen, de una forma u otra, cambios en la forma de trabajar de los profesionales y las organizaciones. Buscando el beneficio a cualquiera de los niveles, todo el personal implicado debe adaptarse a los nuevos circuitos y las nuevas herramientas. Y eso nunca es fácil.

Este tipo de proyectos casi nunca tienen en cuenta la gestión del cambio, un error desde todos los puntos de vista que suele conducir al fracaso de los mismos. La resistencia de los profesionales, la insuficiente información y formación en los objetivos y las herramientas, etc. son situaciones que siempre generan tensión y dificultades.

No contar con los usuarios

Un error muy común en este tipo de proyectos es pensar que únicamente son desarrollos técnicos, intercambio de datos y poco más.

Los proyectos de interoperabilidad se desarrollan a muchos niveles y deben involucrar a toda la organización, desde la dirección a los usuarios finales. No hacerlo de esta forma conduce, por lo general, a resultados insatisfactorios y a una pérdida de confianza que pone en peligro futuras iniciativas. Hay siempre que contar con la opinión de los usuarios para que el resultado final sea el esperado.

Generar demasiadas expectativas

Cada proyecto de interoperabilidad tiene uno o varios objetivos bien definidos. Distribuir y hacer más accesible la información, simplificar el trabajo administrativo o evitar errores, mejorar la práctica clínica ofreciendo la información a los profesionales con mayor rapidez son algunos de los más comunes que justifican la puesta en marcha de estas iniciativas.

Sin embargo, ninguno de ellos es “la panacea”. Ningún proceso de integración va a solucionar de golpe todos los problemas de los usuarios de los sistemas. Las ineficiencias, los problemas, las dificultades están ahí y si no se afrontan dentro o fuera del proyecto, no se van a corregir “por arte de magia”. Generar demasiadas expectativas en los profesionales produce, si estas no se cumplen, desencanto, malestar, falta de confianza y, a la postre, malos resultados en el trabajo conseguido.

Justificar la inversión

Y por último, pero por ello menos importante que resolver cualquier tipo de problema es justificar de alguna forma la inversión que debe realizarse para poner en marcha proyectos de interoperabilidad. Es más, en muchas ocasiones cuesta hacer ver que se trata realmente de una inversión y no un gasto.

En primer lugar, nos encontramos que es difícil, por no decir imposible en muchas ocasiones, estimar económicamente los beneficios que estos proyectos conllevarán a los profesionales y las organizaciones. Beneficios como “una mejora en la práctica clínica” son objetivos difícilmente cuantificables en términos económicos y, por lo tanto, difícilmente utilizables como argumento de venta.

Si a todo esto unimos que los recursos económicos de los centros y las organizaciones son escasos y limitados, cualquier proyecto que afronten será siempre bajo un estricto control económico y con una muy clara justificación. No poder medir el beneficio generado en términos de “dinero” condiciona mucho la cesión final de abordar o no los proyectos.

Por el contrario, es más habitual de lo que parece que dichos proyectos comiencen de forma obligada y unilateral, por instituciones o por terceros, que no aceptan otra forma de trabajo e imponen la utilización de herramientas y procesos de integración y la condicionan a convenios, acuerdos o incluso facturaciones. Esta política suele no suele producir buenos resultados sino únicamente soluciones para “salir del paso”.

Resumiendo. Todos comprendemos la necesidad de que el ecosistema de aplicaciones que rodean el mundo de la eSalud esté interconectado y comparta procesos organizativos e información. Pero las dificultades son grandes y las recompensas, muchas veces, no son directas y por lo tanto cuesta hacer ver la necesidad de que estos proyectos se pongan en marcha.

Vosotros qué opinais, ¿creeis que la interoperabilidad se entiende como una verdadera necesidad o por el contrario es algo que se afronta cuando no queda más remedio o “por obligación”?

Anuncios

Comentarios

4 comentarios en “Interoperabilidad, ¿es realmente necesaria?

  1. Está claro que, al menos a día de hoy, la interoperabilidad entre sistemas únicamente se tiene en cuenta cuando el problema supera la solución creada y ya es inevitable. No se piensa desde el inicio ni se crea nada en base a ella, a pesar de incluso poder reducir costes en el futuro

    Me gusta

    Publicado por Kevin Bacon | 20/10/2014, 08:43
    • Totalmente de acuerdo. La integración debería considerarse estratégica y sin embargo siempre se considera como último recurso, como el último paso a dar. Esperemos que con el tiempo cambie la mentalidad.

      Me gusta

      Publicado por Pedro Gonzalo | 20/10/2014, 21:46

Trackbacks/Pingbacks

  1. Pingback: La Unión Europea reconoce 27 perfiles IHE para interoperabilidad | Hablando de eSalud - 10/08/2015

  2. Pingback: #saluddigital16, el camino hacia la salud digital | Hablando de eSalud - 01/02/2016

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: