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La telemedicina está de moda pero, ¿estamos preparados?

Que la telemedicina está de moda es un hecho. Todo el mundo habla del tema (incluidos nosotros), todo el mundo tiene una opinión. Pero ¿estamos realmente preparados para aceptar y poner en marcha sistemas de telemedicina?

Ahorro de costes y rentabilidad

La telemedicina presenta la gran ventaja de suponer un ahorro de costes en el atención a los pacientes, especialmente a los crónicos, lo que la hace especialmente atractiva en un momento socioeconómico donde se busca por encima de casi todo la sostenibilidad del sistema sanitario.

Aunque no abundan los estudios numéricos que avalen con cifras reales el ahorro que supone la implantación de programas de telemedicina, experiencias realizadas asocian el despliegue de estos programas a una reducción en los reingresos de los pacientes y visitas a los servicios de urgencias, en los días de hospitalización derivados de dichos reingresos y en el número de visitas domiciliarias necesarias. Todo ello redundando, como es lógico, en una reducción del coste asociado al seguimiento clínico de dichos pacientes.

No hay que olvidar tampoco la perceptible mejora en la calidad de atención que pacientes incluidos en dichos programas perciben. Evitando desplazamientos y las complicaciones asociadas a los mismos, pacientes con enfermedades crónicas podrían comunicarse con su médico desde su propia casa, lo que claramente supone una comodidad para ellos y para los profesionales que los atienden.

La tecnología está disponible

La tecnología necesaria para implantar sistemas de telemedicina está disponible y es suficientemente asequible como para que todo el mundo pueda tener acceso a ella. O al menos eso es lo que parece. En el mercado podemos encontrar tanto empresas generalistas como dedicadas expresamente al mundo de la salud que ofrecen sistemas de comunicación, videoconferencia o telepresencia de calidad y a un precio razonable.

Sin embargo, ¿quién no se ha enfrentado en alguna ocasión a una videoconferencia, skype, videochat o similar y ha sufrido cortes y mala experiencia en general? Esto, bastante habitual (al menos en nuestra experiencia diaria), puede ser desde anecdótico cuando lo que haces es una video con un amigo hasta incómodo y molesto cuando se trata de una conversación profesional con un cliente o un proveedor.

Pero ¿y si esto sucede durante una conversación con tu médico? Creo que a nadie le gustaría que durante una teleconsulta la conversación y/o visualizacion se cortara o tuviera baja calidad.

Aún es necesario mejorar los sistemas de videoconferencia pero sobre todo enfrentar un problema mayor: la calidad de las redes de comunicaciones. Aunque hemos mejorado mucho en este aspecto en los últimos años, la mayoría de los problemas de comunicaciones se deben a la poca calidad de las líneas de datos existentes, especialmente en entornos rurales o de baja densidad de población, donde las inversiones de las operadoras no son rentables y las redes no tienen el mismo nivel de calidad que en las grandes ciudades.

Los pacientes están dispuestos

Según algunos estudios realizados la mayoría de los pacientes estarían dispuestos a realizar consultas a distancia con su médico. Hablamos de porcentajes elevados, entorno al 70%, en poblaciones con enfermedades crónicas (como ejemplo el estudio realizado por el IESE y Telefónica en 2013).

Ahora bien, si cogemos extensiones de población más amplias y generalizamos los programas más allá de las experiencias piloto, creemos que este número se vería reducido con lo que la ventaja ya no sería tan grande.

Será muy importante, para el éxito de los programas de telemedicina, que la experiencia de usuario sea perfecta y que los profesionales se involucren al 100%. Sólo de este modo conseguiremos traducir esas buenas intenciones inciales (que no dudamos que existan) en una continuidad de los programas y los tratamientos a distancia.

Los profesionales también lo están

Esos mismos estudios indican que los profesionales también están dispuestos a utilizar sistemas de gestión remota de pacientes. En concreto se habla de que un 80% de los profesionales utilizarían este tipo de sistemas de gestión si estuvieran disponibles.

¿Nos creemos estas cifras? Al igual que sucede con las cifras asociadas a los pacientes, creemos que estas cifras son irreales y que la extensión de este tipo de programas a ámbitos clínicos más extensos sería costosa y redundaría en un mayor rechazo entre los profesionales.

Como que en el caso de los pacientes, la experiencia de usuario debe ser perfecta para que los profesionales perciban estas herramientas como una verdadera ayuda en lugar de como un lastre en su día a día.

¿Y el sistema, está preparado?

Pero quizás la pregunta más importante es si el sistema sanitario está preparado para abordar de forma generalizada la implantación de programas de atención remota de pacientes.

No hablamos simplemente de poner una webcam en una consulta y esperar a recibir llamadas sino de integrar dentro de los catálogos de prestaciones este tipo de servicios, integrados con el resto de herramientas de gestión clínica disponibles de forma homogénea. Sistemas de citación, historia clínica, sistemas de gestión de colas de llamadas … todo el sistema debe estar alineado e integrado para ofrecer a profesionales y pacientes el mejor servicio posible. Y es un trabajo que aún está por comenzar.

Pilotar es necesario pero, ¿luego qué?

Como es evidente, la implantación de sistemas de telemedicina debe comenzar necesariamente por un piloto, ejecutado en uno o varios servicios (pocos) y con un número de pacientes y profesionales relativamente reducido. Esta es la forma recomendada de proceder y la que ya se ha llevado a cabo en diferentes ocasiones.

¿Pero luego, qué sucede? A pesar de que la gran mayoría de proyectos de gestión remota de pacientes han tenido éxito, con pacientes y profesionales satisfechos con los resultados, éstos no se han traducido en una ampliación o extensión de las experiencias.

Si queremos implantar la telemedicina como un elemento más dentro del proceso de gestión de pacientes, es necesario que los pilotos sean parte de proyectos más amplios cuyo objetivo sea esto mismo: la extensión a todo el sistema de la experiencia obtenida en el pilotaje. De nada sirve pilotar (para nadie, ni pacientes, ni profesionales ni el propio sistema), si luego las experiencias obtenidas se quedan en el olvido y no se emplean para fines superiores.

Diseñar problemas de telemedicina no es sencillo, como nos enseña Jose Miguel Cacho en su imprescindible entrada Diseño de un programa de telemedicina. Hay que considerar detenidamente los canales y el ecosistema y alinear cuidadosamente las necesidades de los pacientes con las de los profesionales y las organizaciones para obtener un resultado de calidad que satisfaga a todos los agentes.

Las experiencias realizadas arrojan resultados prometedores. No obstante aún estamos lejos de disponer en nuestras organizaciones de salud de estrategias integrales que incluyan este tipo de servicios dentro de sus carteras. Veremos hasta donde somos capaces de llegar.

¿Creéis que es posible generalizar el uso de programas de telemedicina o aún es demasiado pronto para pensar en un despliegue a gran escala de los mismos y estamos todavía en fase de pilotaje de experiencias?

Foto: USDA

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