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Usando racionalmente la tecnología en la salud

Cuando hablamos de tecnología aplicada al mundo de la salud todos pensamos en dispositivos de última generación, wearables de todo tipo, teléfonos inteligentes y aplicaciones, realidad virtual … Imaginamos grandes y revolucionarios avances que harán la vida de pacientes y profesionales más sencilla, mejorando los procesos de atención y la calidad de vida de todos.

Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones los problemas a los que se enfrentan los pacientes y los profesionales son mucho más simples y pueden solucionarse de forma mucho más sencilla. Estos pequeños problemas son siempre los más incómodos y los que, con un pequeño esfuerzo por todas las partes para solucionarlos, más beneficios pueden aportar a todos los agentes del sistema sanitario.

Problemas sencillos, soluciones sencillas

Si nos paramos a analizar nuestra posición como usuarios del sistema sanitario nos daremos cuenta de que las cosas que más nos molestan son problemas sencillos que se podrían resolver fácilmente.

Pedir una cita con nuestro médico de familia o pedir una consulta con el pediatra para nuestros hijos, consultar las fechas de las citas que tenemos previstas, conocer el estado o el resultado de una prueba, recoger la medicación prescrita para tratamientos crónicos, hacer una consulta al especialista que está tratando nuestro caso particular …. Son problemas simples que no requieren la intervención de grandes y modernos dispositivos o máquinas.

En demasiadas ocasiones tratamos de arreglar el mundo con nuestras ideas y soluciones cuando lo más sencillo y más eficiente se nos escapa delante de nuestros ojos. Debemos enfocarnos en resolver esos problemas primero para después poder fijarnos metas mayores y más ambiciosas.

Pensando más en los pacientes

Una de las grandes carencias que tenemos hoy en día a la hora de racionalizar el uso de la tecnología en el mundo sanitario es que no se cuenta lo suficiente con la opinión y la experiencia de los pacientes de a pie. De esos que van al médico (mucho o poco) y pueden aportar grandes (y simples) ideas para mejorar la calidad del sistema sanitario.

Si nos parásemos un poquito más a escuchar a todos ellos, a analizar lo que opinan, lo que quieren, lo que esperan encontrar en sus sistemas de salud, nos daríamos cuenta de que muchas de sus necesidades se pueden subsanar con desarrollos simples, utilizando la tecnología para ayudar más que para solucionar.

Aquí es muy importante contar con las asociaciones de pacientes, cuya relevancia es cada día más grande y cuya voz empieza a oírse con más fuerza en redes sociales, congresos y eventos. Pero no sólo con ellos. Los pacientes de la calle también deben ser escuchados y tenidos en cuenta para hacer nuestro sistema sanitario mejor. Y no reclaman grandes avances sino pequeñas pero significativas mejoras que hagan su vida más fácil.

Teledermatología: un ejemplo a seguir

Sólo por exponer un ejemplo, la teledermatología nos está enseñando un camino que seguramente podría extrapolarse a otras especialidades con relativa facilidad.

Parece algo sencillo en los tiempos actuales que un médico de familia o pediatra al que se realiza una consulta dermatológica tome una imagen de la zona afectada y la remita electrónicamente a un médico de atención especializada para su valoración sin que haya necesidad de que el paciente se desplace físicamente a otro centro. Y sin embargo no es aún una práctica corriente en muchos (afortunadamente no en todos) sistemas de salud.

Este procedimiento tan (tecnológicamente) simple resultaría de gran utilidad si se extendiera a todos los sistemas de salud para reducir las listas de espera, agilizar los diagnósticos y evitar desplazamientos innecesarios a los pacientes. Desplazamientos que en algunos casos son de decenas de kilómetros y que se hacen innecesarios para una consulta de 10 minutos que se resume en un “eso no tiene importancia”.

Según información aportada por el Dr. Sergio Vañó se estima que la teledermatología podría evitar más de un 30% de derivaciones innecesarias, reduciendo además significativamente el tiempo entre que se deriva al paciente y el momento de la consulta. Son cifras importantes que animan a la reflexión.

Otros ejemplos de éxito

La telerradiología también se ha mostrado muy eficiente no sólo en la realización y gestión de los estudios sino también en el diagnóstico remoto por parte de los radiólogos no ubicados físicamente en los mismos centros donde se obtienen las imágenes. Evitando innecesarios desplazamientos tanto de las imágenes como de los pacientes han conseguido mejorar la calidad de vida de todos.

También hablamos de forma habitual de los proyectos de teleconsulta que se están poniendo a prueba en distintos puntos del territorio. Sin ir más lejos, el Sistema Andaluz de Salud ha anunciado el uso de la videoconferencia para consultas de atención primara. Aunque la medida no está del todo apoyada por los profesionales (como leíamos en Redacción Médica de la mano de Rafael Carrasco) parece una medida que puede tener éxito en el futuro si se lleva a la práctica de forma correcta.

De la misma forma  y desde hace tiempo la información analítica obtenida en las pruebas de laboratorio ya no viaja en papel de un lado a otro sino que se envía electrónicamente desde los laboratorios a los profesionales, simplificado el análisis y evitando a los pacientes desplazamientos innecesarios.

Son sólo algunos ejemplos de procedimientos que, con poco glamour tecnológico, han supuesto importantes mejoras en el mundo de la salud.

La clave: Análisis, Integración y Formación

¿Cuáles son las claves para conseguir el objetivo de racionalizar el uso de la tecnología?

En primer lugar escuchar: escuchar las necesidades de los pacientes y atender las demandas de los profesionales. Seguramente nos daríamos cuenta de que lo que piden no es tan complicado y podríamos, con poco esfuerzo, ponerlo en práctica de manera relativamente sencilla.

Integrar los procesos de atención para distribuir los recursos y repartir los esfuerzos para solventar también una de las grandes necesidades de hoy en día,  la comunicación entre atención primaria y especializada, con grandes carencias aún a día de hoy.

Y por último pero no por ello menos importante, la formación en nuevas tecnologías se torna fundamental. Si queremos que los profesionales ayuden a los pacientes, prescribiendo apps y poniendo en marcha iniciativas relacionadas con éstas, debemos ayudarles y formarles para que tengan los conocimientos necesarios para hacerlo. No debemos pensar que por muy sencillo que sea, todo el mundo lo debe conocer.

Muchas veces olvidamos que las soluciones más sencillas son casi siempre las más eficientes para resolver problemas cotidianos. Tratamos de reinventar la rueda, de aplicar soluciones más cercanas a la ciencia ficción cuando lo que necesitamos realmente es aplicar los avances que ya están en el mercado de forma que sean accesibles a la mayor cantidad posible de pacientes. De nada sirve evolucionar si luego no aplicamos estas evoluciones. De nada sirve crear si nadie lo utiliza.

¿Creéis que el mundo de la salud está utilizando racionalmente la tecnología?

Foto: NEC

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