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¿Se valora más el hardware que el software en el mundo sanitario?

Todos aquellos que nos dedicamos al mundo de las tecnologías de la información en el sector de la salud sabemos que el mundo sanitario está lleno de prejuicios. Uno de ellos, quizás uno de los que más nos llama siempre la atención, es que se valora mucho más la compra de dispositivos o máquinas que la compra o desarrollo de aplicaciones, sean del tipo que sean.

Y es que parece, al menos desde nuestra propia experiencia (o por lo menos así lo hemos sentido en muchas ocasiones), que si a un proyecto no se incorpora algún dispositivo, lo que se está realizando no tiene valor o éste no es importante para los profesionales o las organizaciones.

Nada más lejos de la realidad. El desarrollo e implantación de buenas herramientas informáticas es tan útil por sí mismo como lo puede ser cualquier elemento físico que se incorpore en el proceso.

El hardware es importante …

Por supuesto, el hardware es siempre una pieza fundamental cuando hablamos de utilizar tecnología en el entorno sanitario. Hay elementos de ingeniería que son realmente impresionantes, casi de ciencia ficción. Armarios robotizados, dispositivos de diagnóstico por imagen o robots capaces de realizar operaciones quirúrgicas son sólo algunos ejemplos de lo que estamos construyendo gracias a la tecnología y tan sólo una muestra de lo que podrá venir en el futuro.

El desarrollo tecnológico actual permite diseñar y construir equipos cada día más sofisticados que son una ayuda fundamental para los profesionales sanitarios a la hora de diagnosticar y tratar a sus pacientes. La inversión en este tipo de equipos es siempre necesaria, como lo es su mantenimiento, que nunca se cuestiona.

Y también es importante el software

Pero aunque el hardware es importante, lo es si cabe aún más el software, las aplicaciones utilizadas en el entorno sanitario.

El software permite, entre otras cosas, dar vida a esos dispositivos que se quieren utilizar. Sin las aplicaciones, los dispositivos serían simplemente hierros y circuitos sin ninguna vida, sin ninguna utilidad. Es el conjunto de ambos (aparatos y aplicaciones) el que de verdad proporciona a los profesionales las herramientas que necesitan para prestar los mejores servicios a sus pacientes.

Además existen otras aplicaciones que no dependen necesariamente de ningún dispositivo pero cuya importancia puede ser vital para las organizaciones y los profesionales. Hablamos de aplicaciones de gestión, de soporte al trabajo de los profesionales, de ayuda a la decisión … cuya importancia cuesta en muchas ocasiones justificar aunque de verdad la puedan tener.

Existe otro factor que también está sujeto siempre a discusión en todos o casi todos los proyectos: el mantenimiento. Cuando se compra un dispositivo todo el mundo asume que tendrá que estar sujeto a un mantenimiento periódico, pero cuando se compra una aplicación esta necesidad no se aprecia de la misma forma. No se valora el hecho de que las aplicaciones también deben estar sujetas a revisiones periódicas o que deben evolucionar (por nuevas necesidades o cambios regulatorios) al igual que lo hacen los aparatos.

Pero lo más importante son las personas

Sin embargo hay un factor determinante que siempre se queda fuera de la ecuación: los profesionales.

El éxito de la implantación de sistemas o aplicaciones, especialmente en el entorno sanitario, depende en gran medida de la profesionalidad, experiencia y el buen hacer de los profesionales que toman parte en la misma. No importa que sea la puesta en marcha de un dispositivo o el despliegue de una nueva aplicación. No importa que hablemos de hardware o de software, lo importante en la mayoría de las ocasiones es que la gente que toma parte en ello conozca el entorno sanitario, sus procesos, sus características y sus peculiaridades.

Y paradójicamente este factor, el factor humano, es uno de los que menos se tiene en cuenta a la hora de valorar quién será responsable de realizar una determinada labor, primando por encima muchos otros factores que, realmente, no deberían ser tan decisivos.

El mundo sanitario ha valorado tradicionalmente mucho más la utilidad de los dispositivos médicos frente a las aplicaciones, sin tener en cuenta que son realmente estas las que permiten ofrecerle las mejores herramientas para desarrollar su trabajo. Y que en casi todas las ocasiones, el éxito o fracaso estará directamente relacionado con los profesionales que lleven a cabo esa labor.

¿Pensáis que se valora más el hardware que el sofware en el mundo de la salud? ¿Qué otros prejuicios os habéis encontrado en este entorno?

Foto:  Iftikhar jan tarakzai via Wikimedia Commons

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