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Interoperabilidad

2017, un año clave para FHIR

Como ya sabéis aquellos que nos seguís habitualmente, consideramos que todos los aspectos relacionados con la interoperabilidad en el mundo sanitario deben ser objeto de la máxima atención y considerados de forma prioritaria en cualquier proyecto que dentro de este ámbito se quiera lanzar. Es por eso que siempre tenemos un ojo puesto en todo lo relacionado con estos temas y en especial en FHIR, de quien ya os hemos hablado anteriormente en varias ocasiones.

FHIR es un nuevo estándar de interoperabilidad que a través del uso de API’s de servicio y de un diseño orientado a los recursos (como unidades de integración) promete revolucionar (o al menos cambiar notablemente) la forma en la que los sistemas, dispositivos y aplicaciones se comunican dentro del entorno sanitario.

En su continua e imparable evolución FHIR sigue creciendo y esperamos que este año 2017 en el que ya nos encontramos sumergidos sea su gran año, en el que dé los últimos pasos para entrar en nuestros sistemas de interoperabilidad.

2017, de STU 3 a normativa definitiva

En estos momentos FHIR se encuentra en el nivel STU (Standar for Trial Use) 3 pero según las previsiones 2017 (seguramente a finales) será el año en que FHIR alcance su nivel normativo final y pueda ser considerado como un estándar en toda su dimensión. Esto supone cerrar finalmente una especificación completa y totalmente operativa que permita a los proveedores comenzar a utilizarlo en sus propios desarrollos con la total garantía de que tendrá la continuidad y estabilidad suficiente en el futuro para rentabilizar dichos productos de integración.

Un aspecto que será clave es la compatibilidad de la norma final con todas las versiones trial anteriores, que ya han venido siendo implementadas por algunos proveedores de productos de salud. De ello depende que todas las implementaciones ya realizadas puedan seguir trabajando con la norma y no haya que tirar trabajo a la basura, lo que generaría mucha controversia y pondría en peligro la extensión de la misma (por no hablar del coste económico de rehacer los desarrollos en marcha). Aunque asegurada por los responsables de FHIR, queda pendiente confirmar que sea una realidad.

El estándar que nace de la experiencia

El camino que ha seguido FHIR en su evolución a lo largo del tiempo ha sido distinto al de otros estándares y eso marca gran parte de las diferencias entre éste y otros.

FHIR nace del trabajo de los proveedores de aplicaciones y sistemas sanitarios y de la necesidad de éstos de simplificar los procesos de interoperabilidad más allá de las normas que venían utilizándose hasta este momento. Es por ello que el estándar nace y evoluciona a partir del trabajo de la industria, quien ha sido en gran medida la impulsora y desarrolladora de una norma sencilla y útil que pueda ponerse rápidamente en marcha.

El trabajo no ha sido sencillo pero parece que empieza a dar sus frutos y la culminación de todo el esfuerzo en una norma internacional supondrá sin duda el impulso final que hará que todos, antes o después, tengamos la oportunidad de implantarla en nuestros propios sistemas.

La interoperabilidad gana peso en el mundo sanitario

Lo que sí observamos es un progresivo cambio de tendencia en el mundo sanitario con respecto a la interoperabilidad, y eso nos alegra (parcialmente claro).

Y es que la importancia de disponer de sistemas interoperables empieza a percibirse como una necesidad desde el primer momento en que se lanza un proyecto y no como que ya se añadirá si hace falta. Y eso ayuda en gran medida en que llegado el momento del intercambio de información los sistemas estén preparados y no haya que hacer encaje de bolillos para conseguir introducir o extraer información.

A este cambio de visión ha ayudado en gran medida el crecimiento de los canales por los cuales un sistema de información puede recibir datos: internet, apps, wearables, sensores … se quiere obtener e integrar información desde cualquier canal disponible y esto sólo será posible si los sistemas son realmente interoperables.

La interoperabilidad es un camino, no un destino

Sin embargo aún queda mucho por hacer en todo lo que respecta a la interoperabilidad y no es oro todo lo que reluce. La interoperabilidad sigue percibiéndose como un objetivo final, como un destino que tenemos que alcanzar dentro de los objetivos de un proyecto, desarrollo o aplicación. Pero esto no es así.

La realidad es que la interoperabilidad, junto con muchos otros procesos dentro del mundo sanitario, debe ser un camino a seguir para obtener mejores sistemas de información que redunden en un aumento de la calidad en la atención al paciente, en una mejora significativa de las herramientas de los profesionales y, en resumen, de un sistema sanitario mejor, más completo y eficiente.

Resumiendo, 2017 debe ser el año en que FHIR como norma internacional vea la luz y contribuya a simplificar y allanar el camino que aún tiene que recorrer la interoperabilidad de sistemas en el mundo sanitario, que es largo y, por qué no decirlo, tenebroso.

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