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Tecnología en salud, ¿dónde está la innovación?

Vivimos rodeados de tecnología por todas partes. En casa, en el trabajo, en el coche, la tecnología alcanza casi todos los aspectos de nuestra vida diaria y nos sirve de ayuda y apoyo en numerosas tareas personales y profesionales.

Esta familiaridad hace que la tecnología por sí misma ya no sea noticia. Es habitual ver a gente con relojes inteligentes, con pulseras de actividad … , casi todo el mundo tiene un teléfono inteligente con acceso a Internet. Ya no extraña ver un ordenador en cada consulta o a un médico utilizando una tableta para pasar consulta (¿o sí?).

Si, por lo tanto, tenemos a nuestro alcance un importante abanico de posibilidades tecnológicas, es posible que introducir más elementos ya no sea diferenciador y debamos buscar la innovación en otros aspectos, como puede ser la utilidad que podamos encontrar en lo que ya tenemos a mano.

La tecnología en la sanidad no es noticia

Podríamos discutir sobre el grado de penetración, las diferencias entre las organizaciones o entre los diferentes ámbitos de atención o muchos otros aspectos del sector pero lo que es un hecho innegable es que la tecnología es parte importante y necesaria en (casi) todos los procesos sanitarios.

La tecnología ha servido como palanca para la transformación del sistema sanitario y aún debe jugar un papel crucial para continuar con esta evolución. Sin embargo esa cotidianidad hace que su peso en la innovación ya no sea tan importante. La incorporación de nueva tecnología, por sí misma, ya no es diferencial. Los verdaderos avances no los encontramos en los nuevos dispositivos o sistemas por sí mismos sino en otros aspectos.

Pulseras y relojes inteligentes, algunos ejemplos de dispostivos

Un ejemplo muy evidente de lo que está pasando lo encontramos en las pulseras de actividad y los relojes inteligentes, de los que ya os hemos hablado en otras ocasiones. Todos sabemos que están ahí y seguramente muchos de nosotros tengamos alguno de estos aparatos perfectamente guardado en un cajón de nuestra casa.

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Sin embargo y a pesar de su popularidad comercial todos los que hemos probado uno de estos dispositivos nos hemos dado cuenta de que, más allá de la información que recogen y nos ofrecen, no hemos encontrado mayor utilidad en llevar todo el día una pulsera en nuestra muñeca. Nos hemos dado cuenta de que, salvo raras excepciones, no aportan mucho más y por ese motivo terminamos desechándolas.

Esta es sólo una muestra de que hoy en día la tecnología por sí sola ya no supone un elemento diferencial en los procesos asistenciales y es necesario ir un paso más lejos para buscar aplicaciones reales, que puedan ser de ayuda a los profesionales en el diagnóstico y la atención a sus pacientes. De otro modo la tecnología se convertirá en una mera anécdota que no cubrirá todas las expectativas que, a priori, despierta en todos los agentes.

Otro ejemplo: información y Big Data

Pero no sólo podemos pensar en dispositivos. Con la información, con los datos, sucede prácticamente lo mismo.

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Todos somos conscientes de la gran cantidad de información que recogen los profesionales de los distintos sistemas sanitarios pero son pocos aún los que son capaces de utilizarla para ir un paso más allá de la historia clínica (que no es poco, por otro lado) y explotar esa información de forma efectiva.

El big data y los procesos analíticos siguen siendo el motivo que justifica la recogida de tanta información pero aún no han sido capaces, a pesar de todo lo que prometen, de demostrar que a partir de ella se puede (y se debe) extraer valiosa información para mejorar la atención a los pacientes y los propios sistemas de salud. Más allá de la contabilidad analítica (con una larga trayectoria en la explotación de información) no hay aún demasiados ejemplos prácticos de lo que se puede llegar a conseguir por este camino.

Innovar es utilizar racionalmente la tecnología

Entonces, si la innovación ya no está en la incorporación de más tecnología, ¿dónde debemos buscarla? Si analizamos la relación de tecnologías que están cambiando el mundo de la salud (que os presentábamos en un artículo anterior) veremos que la gran mayoría son tecnologías maduras que ya llevan tiempo entre nosotros. Su aplicación, por tanto, ya no es una novedad.

Lo que ahora debemos hacer, lo verdaderamente importante, es hacer uso de lo que ya tenemos y conocemos, de aquello que ya está probado y validado, y utilizarlo de manera imaginativa. Debemos buscar nuevas fórmulas de aplicar todo el conocimiento y la tecnología que ya está a nuestro alcance para encontrar nuevas aplicaciones que puedan beneficiar a los pacientes, los profesionales y las organizaciones. De esta forma podremos continuar avanzando en el camino de la innovación y seguir transformando el mundo de la salud.

¿Dónde creéis que debemos buscar hoy en día la innovación tecnológica en el mundo de la salud?

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