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Normas de protección para equipos electrónicos en sanidad

¿A quién no se le ha caído al agua o se le ha mojado un teléfono móvil o un dispositivo electrónico? Seguro que muchos de nosotros hemos vivido ese momento dramático en el que pensamos cómo podemos recuperar nuestro preciado dispositivo tras un inoportuno chapuzón.

Cada vez estamos más habituados a ver o incluso a tener en nuestras manos aparatos electrónicos con protecciones adicionales frente a las agresiones de elementos externos. En el mundo sanitario la importancia de estas protecciones puede ser clave para determinar si podrá ser utilizado en determinados entornos o servicios con necesidades particulares.

Repasamos los estándares más habituales que podemos encontrar en dispositivos electrónicos, normas generales de aplicación también en el entorno sanitario y que deben ser tenidos en cuenta a la hora de elegir la mejor opción para cubrir nuestras necesidades.

IP: el estándar más conocido

El estándar más conocido por todo el mundo es el estándar IP (Ingress Protection), que ya se encuentra presente en muchos productos de consumo como pueden ser teléfonos o tabletas.

Este estándar hace referencia a la norma internacional CEI 60529 Degrees of Protection y clasifica los diferentes grados de protección aportados por los contenedores que guardan los componentes de los equipos. La norma clasifica de forma alfanumérica el nivel de protección frente a la entrada de materiales extraños aportado por sus contenedores asignando dos número cuyo significado es el siguiente:

proteccion_ip

Los valores del primer dígito se determinan en función del nivel de protección frente a la entrada de objetos sólidos y puede tener los siguientes valores:

ip68-d1

El segundo dígito indica el nivel de protección frente a la entrada de agua y sus valores pueden ser:

Mediante esta asignación es posible identificar de manera rápida y sencilla el grado de protección aportado por un equipo o dispositivo.

MIL-STD-810G: la norma de EE.UU.

La norma MIL-STD-810 es una norma procedente del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Consiste en una serie de pautas y normas que deben cumplir para ser aptos para el entorno militar. Aunque éste fue siempre el objetivo de la norma, con el tiempo su uso se ha extendido y se utiliza para probar una amplia variedad de productos, incluidos ordenadores personales, portátiles o teléfonos móviles.

El estándar MIL-STD-810G (la última revisión publicada, que data de 2008) incluye métodos de ensayo divididos en 24 categorías diferentes que pueden desarrollarse en el laboratorio o en campo. No todas las normas aplican a todos los dispositivos ni todos ellos deben superar las pruebas de las 24 categorías por lo que es necesario especificar, en cada caso, las pruebas que se han superado.

Otro tipo de ensayos ambientales y protecciones

Aunque las dos normas anteriores son las más habituales a la hora de especificar las características de protección de los equipo electrónicos, es posible someterlos a muchas otras pruebas para determinar su resistencia.

Los equipos pueden someterse a pruebas de frío, calor seco, calor húmedo, choques térmicos, ciclos de temperatura y humedad, resistencia a la corrosión, vibración, choques y caídas, martillos, etc. El objetivo será siempre determinar cuales serán las condiciones límite de trabajo de cada uno ellos, determinando en qué ambientes pueden operar y en cuales no.

Una alternativa válida para el caso de equipos que no cumplan con las condiciones de protección necesarias para su uso es la utilización de elementos externos, como fundas o carcasas, que complementen y protejan a los dispositivos. Para ellas se pueden aplicar las mismas normas que hemos visto anteriormente.

Protección adecuada a cada entorno de trabajo

Pero lo más importante, como siempre, es determinar en qué condiciones va a tener que trabajar un equipo para elegir el más adecuado a cada necesidad y, sobre todo, utilizar el sentido común.

No es necesario volverse loco con el tema de la protección pero tampoco hay que despreciar ninguna situación. No tiene sentido comprar equipos que podrían soportar una explosión nuclear si esto no va a suceder pero tampoco lo tiene adquirir un equipo si ninguna protección cuando, por ejemplo, vamos a estar moviendo el dispositivo constantemente entre distintos puntos de trabajo, con el consiguiente riesgo de caída o exposición a elementos externos.

Los equipos electrónicos, hoy en día, son elementos clave en los procesos sanitarios y como tales deben disponer de una protección suficiente para el entorno en el que deben trabajar. No tener en cuenta factores de riesgo ambiental puede hacer que los costes de mantenimiento o reposición se disparen o simplemente que los equipos adquiridos no puedan utilizarse.

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