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¿Qué pasa con las pulseras de actividad?

Escribíamos hace unos meses sobre nuestra opinión de las pulseras de actividad y aunque lo hemos vuelto a intentar (en esta ocasión con una Xiaomi, un producto meritorio para el precio que tiene) no hemos cambiado nuestra visión de los problemas que estos dispositivos tienen.

No obstante el sector de este tipo de dispositivos, junto con los smartwatches, ha experimentado un enorme crecimiento en 2015, cercano al 170% y vendiendo más de 78 millones de unidades. Han pasado de ser artículos tecnológicos a ser adoptados por el gran público, a tenor de las cifras de ventas.

Pero a pesar de estos excelentes resultados los fabricantes se enfrentan a un grave problema, que no es otro que el abandono del uso de estos aparatos a las pocas semanas de su compra. Pocos son los usuarios que mantienen en sus muñecas las pulseras de actividad más allá de los primeros meses (o incluso tras unas pocas semanas) de utilización. ¿Por qué se produce esta situación?

No hay motivación para que los usuarios utilicen estos dispositivos

Como ya hemos dicho, el mayor problema al que se enfrentan los fabricantes de este tipo de dispositivos es retener al usuario más allá del calentón inicial tras la compra. Un gran número de usuarios coinciden: las pulseras de actividad terminan indefectiblemente en el fondo de un cajón o de un armario. Y la pregunta es: ¿por qué se llega a esta situación?

Nuestra propia experiencia nos dice que el problema está en que los usuarios no encontramos motivos para continuar utilizando estos dispositivos. Los pasos, el sueño, la actividad diaria realizada o incluso los datos de frecuencia cardíaca (si es que los podemos considerar fiables después del *experimento del pollo – que puedes ver aquí) no parecen suficientes para convencernos de mantener los dispositivos en nuestras muñecas.

Y más allá de eso, si conseguimos mantenerlos en uso el tiempo suficiente, ¿qué conseguimos? ¿Y qué hacemos con la información que recogemos? Unas bonitas gráficas, un montón de valores que se quedan recogidos en diversas aplicaciones y que, como mucho, publicamos en alguna que otra red social. No podemos en estos momentos llegar mucho más allá. Eso no es motivo suficiente para conseguir que sigamos colgados de las pulseras de actividad.

Tampoco los profesionales encuentran de utilidad los datos recogidos

Lo normal sería que si estamos hablando de datos de salud estos pudieran servir para que los profesionales que se encargan de velar por ella pudieran hacer uso de la información que recogemos. Pero no es así.

Los datos se quedan en nuestros dispositivos, en nuestros teléfonos inteligentes o incluso en alguna plataforma de Intenet (propietaria, eso sí) pero hoy por hoy no hay forma de que hagamos llegar esta información a nuestros médicos. Nos la quedamos nosotros y como mucho, si es relevante, se la contaremos de viva voz o le enseñaremos las bonitas gráficas que genera nuestra aplicación.

Pero tampoco esto sería un problema, si los profesionales encontraran de utilidad esta información que con tanto ahínco vamos registrando día tras día. Pero ya hemos leído en varias publicaciones que los médicos no consideran relevante la información recogida por las pulseras por lo que estamos haciendo un gran trabajo que no sirve para demasiado.

Buscando un cambio de modelo de negocio

A pesar de las buenas cifras de ventas los problemas a los que se enfrentan los fabricantes de dispositivos hacen que deban replantearse, a medio plazo, sus modelos de negocio. No parece que esta bonanza pueda durar eternamente a tenor del comportamiento de los usuarios.

Por este motivo estamos asistiendo a una transformación en los dispositivos que salen al mercado. Dejando al margen aspectos estéticos (siempre subjetivos), las nuevas pulseras de actividad han incorporado funcionalidades orientadas a retener a los usuarios. Pantallas con mayor información, recepción de notificaciones del teléfono, más y mejores sensores … mejoras que tratan de hacer que los usuarios no los guarden en el cajón a los pocos días de la compra.

Y efectivamente, la interacción entre ellos y los teléfonos inteligentes está siendo uno de los motivos por el cual los usuarios compran y conservan las pulseras. Avisos y notificaciones ahora se manifiestan en nuestra muñeca. Pero estas nuevas funcionalidades están acercado las pulseras al terreno de los smartwatches, fusionando ambos mercados y generando algo de confusión en el usuario, que no acierta a decantarse por una u otra solución.

Las salud es la excusa … y también la tabla de salvación

El desarrollo de las pulseras de actividad se fundamentó, principalmente, en la mejora del bienestar (wealthness) y la salud de las personas. Sin embargo el paso del tiempo ha hecho que los pacientes se dieran cuenta de la escasa utilidad que en este sentido tienen las pulseras de actividad.

No obstante es precisamente el sector de la eSalud quien puede salvar el futuro de estos dispositivos. Para ello será necesario introducir cambios importantes tanto en ellos mismos como en el propio sistema.

Si los datos recogidos fueran realmente útiles y los profesionales sanitarios encontraran en ellos información suficiente para justificar su uso, el sector de los monitores de actividad conseguiría un objetivo perseguido desde hace tiempo: la motivación de los pacientes para usarlos de forma continúa ya que la información recogida sería utilizada no sólo por ellos mismos sino también por aquellos responsables de velar por su salud.

¿Cuál creéis que es el futuro de las pulseras de actividad? ¿Conseguirán algún día recoger información de utilidad para los profesionales sanitarios?

Foto: jdoclot via Visualhunt.com / CC BY-NC-ND

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Comentarios

2 comentarios en “¿Qué pasa con las pulseras de actividad?

  1. Estoy muy en desacuerdo con la afirmacion que los profesionales no le encuentren utilidad a los datos: lo que falta es forma de integrarlos en su flujo de trabajo. Es más, no solo el NHS va a destinar un dineral en demostrar su utilidad clínica: http://mhealthintelligence.com/news/nih-gives-1.9m-for-wearable-technology-in-disease-treatment, sino que se está buscando emplearlos en estudios clínicos: http://m.livescience.com/53344-wearables-disease-treatment.html No Veo datos de números, y mucho de “feelings”. Estar en contra de una tendencia que nos parece una moda siempre consigue apoyos de los que no quieren innovar. Nadie se plantea por qué no se ha integrado una tecnología tan sencilla que hasta los de Nestlé la están regalando. Lo que cabría preguntarse es por qué no es un elemento de prescripción, para controlar si los pacientes hacen el ejercicio que les recomendamos, o si hacen picos de esfuerzo, o duermen mal. El pecado está en el que mira, no en el que hace.

    Le gusta a 2 personas

    Publicado por Frederic Llordachs | 10/04/2016, 11:10
    • Hola Frederic.

      En primer lugar darte las gracias por enriquecer el artículo con tu comentario, que viniendo de alguien como tú tiene si cabe mayor valor.

      Con respecto a lo que comentas, estoy completamente de acuerdo en que no podemos dejar pasar la oportunidad de aprovechar tanta cantidad de información y únicamente conseguiremos que sea realmente efectiva si la integramos en el flujo de trabajo de los profesionales. Somos grandes defensores de la integración de la información y no podemos estar más de acuerdo en que es (o debiera serlo) sencillo hacer que estos datos puedan formar parte de la historia clínica de los pacientes y que los médicos puedan tanto prescribir estos dispositivos como analizar los datos de recogidos. Debemos empezar a pensar que ya no se trata de una “moda” sino de una realidad y empezar a trabajar en integrarlos como parte del sistema y no solo como algo “colateral”.

      Un saludo

      Le gusta a 1 persona

      Publicado por Pedro Gonzalo | 10/04/2016, 22:44

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